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Juan 6: Los panes y los peces

Algunos vieron claramente hacia dónde se dirigía Jesús. Uno no se podía desafiar a las autoridades como Él lo estaba haciendo y salirse con la suya. Estaba abocado a un desastre, y ellos querían desmarcarse a tiempo. Eran seguidores de conveniencia. Se ha dicho que el temple de un ejército se ve en cómo pelea cuando está cansado. Los que se marcharon habrían permanecido con Jesús siempre que Su carrera hubiera estado en ascendente; pero a la primera sombra de la Cruz Le dejaron.

Algunos esquivaron el desafío de Jesús. Su punto de vista era que habían venido a Jesús para sacar algo; cuando se barruntaba el sufrir por Él y darle a Él, se salieron. Nadie puede dar tanto como Jesús; pero, si acudimos a Él solamente para recibir y nunca para dar, seguro que acabaremos por volverle la espalda. La persona que quiera seguir a Jesús debe tener presente que en Su seguimiento hay siempre una cruz.

(ii) Hubo deterioro. Esto lo vemos especialmente en Judas. Jesús debe de haber visto en él un hombre que Él podía usar en Su obra. Pero Judas, que podría haber llegado a ser un héroe, resultó un villano; podría. haber sido un santo y dejó su nombre a la ignominia.

Hay una terrible historia de un artista que estaba pintando la última Cena. Era un gran cuadro, y le llevó muchos años. Como modelo para el rostro de Cristo usó a un joven de rostro transparente en su nobleza y pureza. Poco a poco fue completando el cuadro con los rostros de cada uno de los discípulos, hasta que le llegó el día en que necesitaba un modelo para Judas, al que había dejado para el final. Salió a buscar su tipo en los barrios más bajos de la ciudad y en las guaridas del vicio. Por fin encontró a uno cuya cara era tan depravada y viciosa que cumplía los requisitos. Cuando estaba para terminar el tiempo que tenía que posar, aquel hombre le dijo al artista: « Tú me habías pintado ya antes.» « ¡Que va!» -exclamó el artista-. « ¡Claro que sí! Yo fui el modelo para tu Cristo.» Los años habían obrado un terrible deterioro.

Los años pueden ser crueles. Pueden arrebatarnos los ideales, entusiasmos, sueños y lealtades. Pueden dejarnos con una vida empequeñecida y empobrecida. Pueden dejarnos con un corazón marchito en vez de henchido del amor de Cristo. Puede perderse el encanto de la vida. ¡Que Dios nos libre de ello!

(iii) Hubo resolución. Esta es la versión que Juan nos da de la gran confesión de Pedro en Cesarea de Filipo Mar_8:27; Mat_16:13 ; Luk_9:18 ). Fue precisamente una situación así la que produjo la lealtad del corazón de Pedro. Para él, el hecho era que no había absolutamente nadie al que ir después de haber estado con Jesús. Por decirlo de alguna manera, Jesús era el único que tenía palabras de vida eterna.

La lealtad de Pedro tenía sus raíces en su relación personal con Jesucristo. Habría muchas cosas que Pedro no entendía; estaría a veces tan confuso y despistado como cualquier otro. Pero había algo en Jesús por lo que habría estado dispuesto a morir. En último análisis, el Cristianismo no es una filosofía que podemos aceptar, ni una teoría a la que nos adherimos. Es una respuesta personal a Jesucristo. Es la lealtad y el amor que da una persona porque el corazón no le deja hacer otra cosa.

EL TIEMPO DEL HOMBRE Y EL DE DIOS

Juan 7:1-9

Después de estas cosas, Jesús estuvo yendo de un sitio para otro en Galilea. No quería andar por Judasa porque los judíos se habían propuesto matarle.

Era cerca de la fiesta judía de los Tabernáculos, y Sus hermanos Le dijeron:

Márchate de aquí y vete a Judasa para que Tus discípulos tengan oportunidad de ver las obras que realizas; porque nadie que quiera llamar la atención de la gente se limita a hacerlo todo en secreto. Puesto que puedes hacer estas cosas, manifiéstate al mundo.

Y es que ni Sus hermanos creían en Él. Y Jesús les dijo:

-El momento de oportunidad que estoy buscando no ha llegado todavía; pero vuestro tiempo siempre está a punto. El mundo no tiene por qué aborreceros a vosotros; pero a mí sí, porque Yo doy testimonio en contra suya de que sus obras son malas. Subid vosotros ahora a la fiesta. Yo no voy todavía porque no me ha llegado el momento.

Y, después de decirles eso, se quedó en Galilea.

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