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Juan 6: Los panes y los peces

No nos contentemos con aguardar perezosamente; mas comamos el pan de la vida, y creamos para obtener la salvación de nuestras almas. Los Judíos pidieron que se lea diera siempre ese pan; mas es de temerse que no pasaron de ese punto. No estemos tranquilos hasta que por medio de la fe hayamos comido de ese pan y podamos decir: « Jesucristo es mío. Sé por experiencia que soy suyo..

Juan 6:35-40

En estos versículos se encuentra, primeramente, un dicho que Jesucristo pronunció acerca de sí mismo. En este: «Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás..

Toda alma está por naturaleza pereciendo a causa del pecado. Jesucristo ha sido dado por el Padre para que satisfaga y alivie las necesidades espirituales del hombre. Su mediación, su expiación, su sacrificio, su gracia, su amor, su poder ofrecen bastante alimento para todos los necesitados. El es « pan de vida..

¡Y cuánto no se revela la sabiduría divina en la elección de ese nombre! El pan es un alimento necesario. Se puede, sin desagrado, omitir a la mesa muchas manjares, pero es difícil acostumbrarse a comer sin pan. Y así sucede con Cristo: si no lo poseemos en nuestros corazones, morimos en nuestros pecados. Además, el pan es un alimento que a todos agrada.

Algunas personas no pueden comer carne, y otras no pueden comer vegetales; pero a todos les gusta el pan: es el alimento del rico y del pobre. Así sucede con Jesucristo: como Salvador satisface las necesidades de todas las clases sociales. El pan es un alimento que necesitamos cada día. Hay otras especies de alimentos que tomamos solo de cuando en cuando; mas todos los días, a mañana y tarde, necesitamos pan. Lo propio nos acontece respecto de Jesucristo: no hay día de nuestra vida que no sintamos necesidad de su sangre, su justicia, su intercesión y su gracia. Con razón se le llama «el pan de vida..

Estos versículos contienen, en segundo lugar, un dicho que pronunció Jesucristo acerca de los que acuden a El. «Al que a mí viene,» dijo, «no le echo fuera..

¿Qué significa «venir» en este caso? Significa ese acto del alma que tiene lugar cuando un hombre, que tiene conciencia de su propia culpabilidad y halla que no puede salvarse a sí mismo, acule a Cristo, confia en El, y le encomienda de un todo su salvación. Cuando esto sucede, se dice según el lenguaje de la Escritura que ese hombre « ha venido « a Cristo.

¿Qué quiso decir nuestro Señor con las palabras: «No le echo fuera»? Quiso decir que no negará la salvación a ninguno que acuda a él, cualquiera que haya sido su conducta y su carácter. Acaso sus pecados pasados hayan sido muy negros, y sus faltas actuales muy grandes; mas si viniere a Cristo por medio de la fe, El lo recibirá con misericordia, y le concederá vida eterna.

Estas son a la verdad palabras de un valor inapreciable. Ellas han consolado a muchos moribundos, y devuelto la tranquilidad a muchas conciencias alarmadas. Grabémoslas indeleblemente en nuestra memoria y en nuestro corazón. Día llegará en que nos encontremos ya al borde del sepulcro, y en que el inundo no podrá ya prestarnos auxilio alguno. Felices seremos entonces si el Espíritu Santo nos asegura que hemos estado con Jesucristo.

En este pasaje se encuentra, por último, un dicho de Jesucristo con relación a la voluntad de su Padre. Dos veces pronunció las solemnes palabras: «Esta es la voluntad del que me envió.» Y también dijo que era la voluntad del que lo había enviado que todo aquel que viera al Hijo y creyera en él tuviera vida eterna. Así mismo, « que de todo lo que había dado a Jesucristo no perdería nada..

Con estas palabras se nos enseña que Jesucristo ha traído consigo al mundo una salvación que cada pecador puede obtener «sin dinero y sin precio.» Nuestro Señor la simbolizó con las virtudes de la serpiente de bronce. Todo el que miraba hacia esta obtenía vida y salud; y asimismo todo el que desee vida eterna puede dirigir con fe sus miradas hacia Jesús y recibirla de sus manos. No hay dique, ni límite, ni restricción de ninguna especie. Todos pueden mirar y obtener vida.

Se nos enseña, además, que Jesús no permitirá jamás que un alma que le ha sido encomendada se extravíe del todo y se pierda. El velará sobre ella y la mantendrá segura a despecho del mundo, de la carne y del demonio. Jamás se quebrará ni un solo hueso de su cuerpo místico. Jamás quedará abandonado en el desierto ni una sola oveja de su rebaño. El último día introducirá en la gloria todo el rebaño que ha tenido a su cargo, y no faltará ningún cordero.

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