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Juan 6: Los panes y los peces

Notamos, por último, que la fe en la expiación de Cristo es un acto propio, un acto diario, un acto cuyos resultados pueden ser sentidos. Nadie puede comer y beber en nuestro lugar; y del mismo modo, nadie puede creer en nuestro lugar.

Necesitamos alimento cada día, y no una vez a la semana, o una vez al mes; y del mismo modo, es menester que ejerzamos la fe todos los días. Después de haber comido y bebido nos sentimos mejor más vigorosos y refrigerados; y de una manera análoga, si creemos sinceramente, nuestro espíritu sentirá esa tranquilidad que comunica la esperanza y que es hermana de la paz interna.

Juan 6:60-65

En estos versículos se nos enseña que algunas palabras de Jesucristo parecen duras al hombre no convertido. Se nos refiere que muchos que, por algún tiempo habían seguido a nuestro Señor, se escandalizaron de lo que decía acerca de comer su carne y beber su sangre; y murmuraban diciendo: « Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?.

Murmuraciones y quejas como estas son muy comunes; jamás debemos sorprendernos al oirías. A algunos las palabras de Cristo les parecen difíciles de entender; a otros, como en el caso de que nos ocupamos, les parecen difíciles de creer, y aun más difíciles do practicar. Ese es solo uno de los muchos modos en que se manifiesta la corrupción del hombre.

Si anhelamos evitar el escandalizarnos, oremos a Dios nos conceda humildad. Si algunas de las palabras de Jesucristo nos parecieren difíciles de comprender, es de nuestro deber el tener presente que por ahora nos encontramos en la ignorancia, y que más tarde poseeremos mayores conocimientos. Si algunos de sus preceptos nos parecieren difíciles de practicar, debemos recordar que él jamás exige de nosotros lo imposible, y que nos dará gracia para hacer todo aquello que nos haya ordenado.

También se no enseña en estos versículos que debemos guardarnos de dar un significado material a palabras espirituales.

Nuestro Señor dijo a los judíos que se escandalizaron de la idea de comer su carne y beber su sangre: « El espíritu es el que da vida: la carne de nada aprovecha: las palabras que yo os hablo, espíritu son, y vida son..

Inútil seria negar que este versículo presenta para su interpretación muchas dificultades, puesto que contiene expresiones muy profundas. Es más fácil formar una idea general del significado del período en conjunto, que explicar palabra por palabra. Hay en él, no obstante, verdades que podemos percibir y retener con facilidad. Veamos cuáles son.

Nuestro Señor dijo: « El espíritu es el que da vida.» Con esto quiso decir que el Espíritu Santo es el autor especial de la vida espiritual que posee el hombre. Si los judíos llegaron a imaginarse que lo que el quería decir era que el hombre podía obtener vida espiritual por medio del comer y del beber material, padecieron, sin duda, una grave equivocación.

Nuestro Señor dijo: « La carne de nada aprovecha.» Con estas palabras quiso decir que ni su carne ni otra carne que comamos real y verdaderamente pueden aprovechar en nada a nuestras almas.

Los bienes espirituales no penetran por la boca, sino por el corazón. El alma no es material, y por lo tanto no puede ser nutrida con alimento material.

Nuestro Señor dijo también: « Las palabras que yo os hablo espíritu son, y vida son.» Con esto quiso decir que sus palabras y preceptos, aplicados al corazón del hombre por el Espíritu Santo, son el verdadero medio de producir resultados espirituales y comunicar vida también espiritual. Por medio de las palabras se engendran y despiertan nuevas ideas, se comunica actividad a la mente y se conmueve la conciencia. Esto es especialmente cierto de las palabras de Cristo.

El principio contenido en este versículo, aunque no nos sea dado comprenderlo sino débilmente, merece en nuestros días especial atención. Muchos hay que se inclinan a dar demasiada importancia a las exterioridades de la religión. Se olvidan que el Espíritu es el que da vida y que la carne nada aprovecha.

En estos versículos se nos enseña, finalmente, que Jesucristo tiene un conocimiento perfecto de los corazones de los hombres. Se nos dice que él sabía desde el principio quiénes eran los que no habían, de creer y quién le había de entregar.

Es con tanta frecuencia que se encuentran en los Evangelios palabras de esta naturaleza, que, por lo general, dejamos de apreciarlas en su debido valor. Y sin embargo, pocas nos será tan provechoso recordar como las que quedan citadas.

Nuestro Salvador sabe todas las cosas.

¡Cuan bien explica esto la paciencia maravillosa que manifestó nuestro Señor Jesucristo durante los primeros días de su ministerio terrenal! él sabía cuánto dolor, cuánta humillación lo aguardaban y de qué manera había cíe morir. Tampoco ignoraba que algunos que profesaban ser sus amigos íntimos eran traidores. Más «habiéndole sido propuesto gozo» lo sufrió todo.

Y cuan bien no pone de manifiesto la insensatez y la hipocresía de que adolecen los que hacen falsas profesiones en materias religiosas. Que los que son culpables de ese pecado recuerden que no pueden engañar a Jesucristo. él los ve y los conoce, y los denunciará en el último día a menos que se arrepientan. Cualquiera que sea nuestra conducta como cristianos, y por espiritualmente débiles que nos sintamos, seamos, ante todas cosas, francos, sinceros y justos.

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