6.40 Los que ponen su fe en Cristo resucitarán de la muerte física a la vida eterna con Dios cuando Cristo vuelva otra vez (véanse 1Co_15:52; 1Th_4:16).
6.41 Cuando Juan dice judíos, se refiere a los líderes que eran hostiles a Jesús, no a los judíos en general. Juan mismo era judío, y también Jesús.
6.41 Los líderes religiosos murmuraban porque no podían aceptar la declaración de divinidad de Jesús. Solo lo veían como el carpintero de Nazaret. Se negaron a creer que Jesús era el Hijo divino de Dios y no toleraban su mensaje. Muchas personas rechazan a Cristo porque dicen que no creen que sea el Hijo de Dios. En realidad, lo que no pueden aceptar son las exigencias de lealtad y obediencia que les hace Cristo. De modo que para protegerse del mensaje, rechazan al mensajero.
6.44 Dios, no el hombre, juega el papel más activo en la salvación. Cuando alguien decide creer en Jesucristo como Salvador, lo hace únicamente respondiendo al mover del Espíritu Santo de Dios. El pone en nosotros la inquietud, nosotros decidimos si creer o no. Nadie puede creer en Jesús sin la ayuda de Dios.
6.45 Jesús hacía alusión a una idea del Antiguo Testamento sobre el reino mesiánico según la cual todas las personas reciben enseñanza directa de Dios (Isa_54:13; Jer_31:31-34). Enfatizaba la importancia de no oír solamente, sino de aprender. Dios nos enseña mediante la Biblia, nuestras experiencias, los pensamientos que nos da el Espíritu Santo y las relaciones con otros cristianos. ¿Es usted receptivo a la enseñanza de Dios?
6.47 Cree, según se usa aquí, significa «sigue creyendo». No creemos una sola vez, sino que seguimos creyendo y confiando en Jesús.
6.47ss A menudo, los líderes religiosos le pedían a Jesús que les probara por qué era mejor que los profetas que habían tenido. Aquí Jesús se refiere al maná que Moisés dio a sus antepasados en el desierto (véase Exodo 16). Este pan era físico y temporal. El pueblo lo comía y les daba el sustento de un día. Pero era necesario obtener más pan cada día y este no impedía que muriesen. Jesús, que es mucho más grande que Moisés, se ofrece como pan espiritual del cielo que satisface plenamente y conduce a la vida eterna.
6.51 ¿Cómo puede Jesús darnos su carne como pan para que comamos? Comer pan de vida significa aceptar a Cristo y unirnos a El. Nos unimos a Cristo de dos formas: (1) al creer en su muerte (el sacrificio de su carne) y resurrección, y (2) al dedicarnos a vivir como El manda, dependiendo de sus enseñanzas para guiarnos y confiando en el Espíritu Santo para recibir poder.
6.56 Este mensaje resultaba chocante: comer carne y beber sangre sonaba a canibalismo. La idea de beber cualquier sangre, con más razón la humana, resultaba repugnante para los líderes religiosos porque la Ley lo prohibía (Lev_17:10-11). Por supuesto que Jesús no se refería a la sangre en forma literal. Lo que decía era que su vida debía convertirse en la de ellos. Pero ellos no podían aceptar este concepto. El apóstol Pablo más tarde usó la imagen del cuerpo y de la sangre al hablar de la cena del Señor (véase 1Co_11:23-26).
6.63, 65 El Espíritu Santo da vida espiritual; sin la obra del Espíritu Santo ni siquiera podemos ver nuestra necesidad de vida nueva (14.17). Toda renovación espiritual empieza y acaba en Dios. El nos revela verdad, vive en nosotros y luego nos capacita para responder a esa verdad.
6.66 ¿Por qué las palabras de Jesús hicieron que muchos de sus seguidores lo abandonasen? (1) Es posible que se hayan dado cuenta de que no sería el Mesías-Rey conquistador que esperaban. (2) Rehusó ceder ante sus exigencias egocéntricas. (3) Enfatizó la fe, no los hechos. (4) Sus enseñanzas eran difíciles de entender y algunas de sus palabras eran ofensivas. Al crecer en nuestra fe, es posible que nos sintamos tentados a apartarnos porque las lecciones de Jesús son difíciles. ¿Reaccionará usted dándose por vencido, pasando por alto ciertas enseñanzas o rechazando a Cristo? En lugar de eso, pida a Dios que le muestre el significado de sus enseñanzas y le diga cómo se aplican a su vida. Luego tenga el valor de actuar en base a la verdad de Dios.
6.67 Para Jesús no existen términos medios. Cuando preguntó a sus discípulos si también se irían, les mostraba que podían tanto aceptarlo como rechazarlo. Jesús no intentaba rechazar a la gente con sus enseñanzas. Sencillamente decía la verdad. Cuanto más escuchaban las personas el verdadero mensaje de Jesús, más se dividían en dos bandos: los que buscaban con sinceridad porque deseaban entender más, y los que rechazaban a Jesús porque no les gustaba lo que oían.
