LA UNICA OBRA VERDADERA
Juan 6:28-29
-¿Qué tenemos que hacer para llevar a cabo la obra de Dios? -le preguntaron a Jesús; y Él respondió:
-Esto es lo que Dios quiere que hagáis: que creáis en el Que Él ha enviado.
Cuando Jesús hablaba de las obras de Dios, los judíos pensaban en términos de «buenas obras». Estaban convencidos de que se podía ganar el favor de Dios haciendo buenas obras. Para ellos, la humanidad se dividía en tres clases: los buenos, los malos y los de en medio; éstos últimos, si hacían una buena obra, pasaban a la categoría de buenos, y si mala, a la de malos. Así que, cuando los judíos Le preguntaron a Jesús sobre las obras de Dios, esperaban que estableciera una lista de cosas. Pero no es eso lo que dice Jesús.
La respuesta de Jesús es sumamente breve y compendiada, y tenemos que desarrollarla para entender lo que contiene. Dijo que lo que Dios espera de nosotros es que creamos en el Que Él ha enviado. Pablo habría dicho que la única obra que Dios espera del hombre es la fe. ¿Qué quiere decir la fe? Quiere decir estar en una relación con Dios tal que somos Sus amigos. Ya no nos inspira terror, sino que Le conocemos como a nuestro Padre y Amigo, y Le damos la confianza, la sumisión y la obediencia que surgen naturalmente de esta nueva relación de amor.
¿Qué relación tiene con esto el creer en Jesús? La vieja distancia y enemistad desaparecen y la. nueva relación con Dios es posible sólo gracias a Jesús. Él es Quien vino a decirnos que Dios es nuestro Padre y nos ama y quiere perdonarnos por encima de todo.
Pero esa nueva relación con Dios desemboca en una cierta clase de vida. Ahora que sabemos cómo es Dios, nuestra vida tiene que reflejar ese conocimiento. Ese reflejo se proyectará en tres direcciones, cada-una de las cuales corresponde a lo que Jesús nos ha dicho de Dios.
(i) Dios es amor. Por tanto, en nuestras vidas debe haber el amor y servicio a los demás que correspondan al amor y servicio de Dios, y debemos perdonar a otros como Dios nos ha perdonado en Cristo.
(ii) Dios es santidad. Por tanto, en nuestras vidas debe haber una pureza que corresponda a la santidad de Dios.(iii) Dios es sabiduría. Por tanto, en -nuestras vidas debe haber la completa sumisión y confianza que corresponden a la sabiduría de Dios.
La esencia de la vida cristiana es una nueva relación con Dios, una relación que Él nos ofrece, y que hace posible la Revelación que Jesús nos ha traído de Dios; una relación que conduce al servicio, pureza y confianza que son un reflejo de Dios en nuestras vidas. Esta es la obra que Dios quiere que hagamos, y para la cual nos capacita.
LA DEMANDA DE SEÑAL
Juan 6:30-34
Los judíos Le dijeron a Jesús:
-¿Qué señal vas a realizar que nosotros podamos ver para creer en Ti? ¿Cuál es Tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del Cielo.»
Jesús les respondió:
-Esto que os digo es la pura verdad: No fue Moisés el que os dio el pan del Cielo, sino Mi Padre; Él sí que os da el verdadero pan del Cielo. El pan de Dios es el Que procede del Cielo y da la vida al mundo.
-¡Señor, danos siempre ese pan! -Le dijeron ellos.
La conversación es aquí típicamente judía en terminología, trasfondo y alusiones. Jesús acababa de presentar una gran credencial: creer en Él era la verdadera obra de Dios. «Muy bien -Le dijeron los judíos-, ¿luego Tú pretendes ser el Mesías? ¡Demuéstralo!»
Todavía seguían pensando en la alimentación de la multitud, e inevitablemente se retrotrajeron con el pensamiento al maná en el desierto. No podían por menos de conectar las dos cosas. Era tradicional referirse al maná como «el pan de Dios» (Psa_78:24 ; Exo_16:1 S); y los rabinos creían firmemente que, cuando viniera el Mesías, repetiría el milagro del maná. La provisión del maná se consideraba la obra cumbre de la vida de Moisés, y el Mesías no podría por menos de superarla. «Como fue el primer redentor, así será el Redentor final; como el primer redentor hizo que cayera maná del Cielo, así el postrer Redentor hará descender maná del Cielo.» «No encontraréis el maná en esta era, pero lo encontraréis en la era por venir.» «¿Para quiénes está preparado el maná? Para los justos de la era por venir. Todos los que crean serán dignos de comerlo.» Una vasija que contenía maná se había conservado en el arca del primer templo; y se creía que, cuando éste fue destruido, Jeremías lo había escondido, y lo sacaría a la luz otra vez cuando viniera el Mesías. En otras palabras: los judíos estaban desafiando a Jesús a que produjera el pan de Dios para justificar Sus pretensiones. No consideraban que el pan que habían comido los cinco mil era el pan de Dios en el sentido que ellos esperaban; procedía de panes terrenales y se había multiplicado como pan terrenal. El maná, creían, había sido otra cosa diferente, y sería la prueba definitiva.
