Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Juan 6: Los panes y los peces

La respuesta de Jesús era doble. En primer lugar, les recordó que no había sido Moisés el que les había dado el maná, sino Dios. Y en segundo lugar, les dijo que el maná no había sido el verdadero pan de Dios, sino sólo un símbolo. El pan de Dios era el Que había descendido del Cielo para dar a la Humanidad, no la simple satisfacción del hambre física, sino la vida. Jesús presentaba Sus credenciales de que la única verdadera satisfacción se encuentra en Él.

EL PAN DE LA VIDA

Juan 6:35-40

Jesús les dijo:

-Yo soy el pan de la vida. El que acude a Mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en Mí, ya no tendrá más sed. Pero os aseguro que, aunque Me habéis visto, no creéis en Mí. Todos los que Me dé el Padre acudirán -a Mí; porque Yo he descendido del Cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la del Que Me envió. Y esta es la: voluntad del Que Me envió: Que no pierda ninguno de los que Él Me ha dado, sino que los resucite a todos el último día. Esta es la voluntad de Mi Padre: Que cualquiera que crea en el Hijo cuando Le vea, tenga la vida eterna. Y Yo le resucitaré el último día.

Este es uno de los grandes pasajes del Cuarto Evangelio, y de todo el Nuevo Testamento. En él encontramos dos grandes líneas de pensamiento que debemos tratar de analizar.

En primer lugar, ¿qué quería decir Jesús con: « Yo soy el pan de la vida»? No basta con tomarlo sencillamente como una frase bonita y poética. Vamos a analizarla paso a paso. (i) El pan sostiene la vida. Es algo sin lo cual la vida no puede proseguir. (ii) Pero, ¿qué es la vida? No cabe duda de que es mucho más que la mera existencia física. ¿Cuál es el sentido espiritual de la vida? (iii) La vida verdadera es la nueva relación con Dios, esa relación de confianza y obediencia y amor que ya hemos considerado. (iv) Esa relación sólo es posible por medio de Jesucristo. sin El no podemos entrar en ella. (v) Es decir: sin Jesús puede que haya existencia, pero no vida. (vi) Por tanto, si Jesús es esencial a la vida, se Le puede describir como el pan de la vida. El hambre de la situación humana termina cuando conocemos a Cristo y, por medio de Él, a Dios. En Él el alma inquieta encuentra reposo; el corazón hambriento encuentra satisfacción.

En segundo lugar, este pasaje nos despliega las etapas de la vida cristiana.

(i) Vemos a Jesús. Le vemos en las páginas del Nuevo Testamento, en la enseñanza de la Iglesia, a veces hasta cara a cara.

(ii) Habiéndole visto, acudimos a Él. Le miramos, no como un héroe o dechado distante, no como el protagonista de un libro, sino como Alguien accesible.

(iii) Creemos en Él. Es decir, Le aceptamos como la suprema autoridad acerca de Dios, de nosotros mismos y de la vida. Eso quiere decir que no acudimos a Él por mero interés, ni en igualdad de términos; sino, esencialmente, para someternos.

(iv) Este proceso nos da la vida. Es decir, nos pone en una nueva relación de amor con Dios, en la que Le conocemos como Amigo íntimo; ahora podemos sentirnos a gusto con el Que antes temíamos y no conocíamos.

(v) Esta posibilidad es gratuita y universal. La invitación es para todos los seres humanos. No tenemos más que aceptarlo, y ya es nuestro el pan de la vida.

(vi) El único acceso a esta nueva relación con Dios es por medio de Jesús; sin Él nunca habría sido posible, y aparte de Él sigue siendo imposible. No hay investigación de la mente ni anhelo del corazón que pueda encontrar a Dios aparte de Jesús.

(vii) Detrás de todo este proceso está Dios. Los que acuden a Jesús son los que Dios Le ha dado. Dios no se limita a proveer la meta; también mueve el corazón para que Le desee; también obra en el corazón para desarraigar la rebeldía y el orgullo que podrían obstaculizar la entrega total. No podríamos ni siquiera empezar a buscarle si no fuera porque Él ya nos ha encontrado.

(viii) Queda ese algo tozudo en el corazón humano que nos hace seguir rehusando la invitación de Dios. En último análisis, lo único que puede frustrar el propósito de Dios es la oposición del corazón humano. La vida está ahí para que la tomemos… o para que la rechacemos.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar