Cuando la tomamos, suceden dos cosas. La primera es que entra en la vida una nueva satisfacción. El corazón humano encuentra lo que estaba buscando, y la vida deja de ser un mero vegetar para ser algo lleno a la vez de emoción y de paz. Y la segunda es que tenemos seguridad hasta más allá de la muerte. Aun el último día, cuando todo termine, estaremos a salvo. Como dijo un gran comentarista: « Cristo nos lleva al puerto en el que se acaban todos los peligros.» Esas son la grandeza y la gloria de las que nos privamos cuando rehusamos Su invitación.
EL FRACASO DE LOS JUDÍOS
Juan 6:41-51
Los judíos siguieron murmurando de Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan que ha descendido del Cielo»; y siguieron diciendo:
-¡Como si no supiéramos que Éste es Jesús hijo de José, a Cuyos padres conocemos! ¿Cómo es que nos viene ahora diciendo: «Yo he descendido del Cielo?»
-Dejad ya de murmurar entre vosotros -les dijo Jesús-. No hay nadie que pueda acudir a Mí a menos que le traiga el Padre que Me envió; y Yo le resucitaré el último día. Está escrito en los Profetas: «Y serán todos enseñados por Dios.» Todos los que han escuchado a Mi Padre y aprendido de Él, vienen a Mí. No es que nadie haya visto jamás al Padre, excepto el Que procede de Dios; Él sí ha visto al Padre. Lo que os digo es la pura verdad: El que cree, tiene la vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron maná en el desierto, y murieron. Este es el pan de la vida del que se puede comer para no morir. Yo soy el pan de la vida Que he descendido del Cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre.
Este pasaje da las razones por las que los judíos rechazaron a Jesús y, al rechazarle a Él, rechazaron la vida eterna.
(i) Juzgaban las cosas con una escala de valores humana y por motivos externos. Su reacción ante las credenciales de Jesús era recordar el hecho de que Él era el hijo del carpintero y que Le habían visto crecer en Nazaret. Eran incapaces de aceptar que Uno Que era un artesano y Que procedía de una familia humilde pudiera ser un Mensajero especial de Dios.
T. E. Lawrence era amigo íntimo del poeta Thomas Hardy. En los días en que Lawrence estaba sirviendo en las fuerzas aéreas británicas solía visitar a Hardy y su esposa vestido de uniforme. En una ocasión, su visita coincidió con la de la alcaldesa de Dorchester, que se dio por muy ofendida de que se la hubiera sometido a compartir su tiempo con un vulgar aviador, porque no tenía idea de quién era. Le dijo a la señora Hardy en francés que nunca en toda su vida se había sentado a tomar el té con un soldado. Nadie dijo nada. Entonces Lawrence dijo en perfecto francés: «Suplico su perdón, señora; pero, ¿puedo serle útil como intérprete? La señora Hardy no entiende el francés.» Una mujer esnob y descortés había cometido un craso error al juzgar por las apariencias. Eso fue lo que hicieron los judíos con Jesús.
Debemos tener cuidado con rechazar un mensaje de Dios al despreciar o infravalorar a Su mensajero. Nadie desecharía un cheque de 1,000,000 porque resulta que está metido en un sobre vulgar y corriente. Dios tiene muchos mensajeros. Su Mensaje supremo nos lo trajo un Carpintero galileo, y por eso fue por lo que los judíos lo rechazaron.
(ii) Los judíos se pusieron a discutir entre ellos. Estaban tan pagados de sus razonamientos personales que no se les ocurrió dejar a Dios que decidiera la cuestión. Lo que más les interesaba era hacerles saber a los demás cuál era su opinión; y lo que menos, lo que Dios pudiera pensar. Sucede a veces en tribunales y comités, cuando cada cual está tratando de hacerle tragar a los demás su parecer, que sería mejor callarse y preguntarle a Dios lo que El piensa y quiere que se haga. Después de todo, no importa tanto lo que pensemos nosotros; pero lo que piense Dios sí tiene una importancia suprema -aunque rara vez nos interesa lo bastante como para preguntárselo.
(iii) Los judíos oyeron, pero no aprendieron. Hay diferentes maneras de escuchar. Está la manera de la crítica; la del resentimiento; la de la superioridad; la de la indiferencia, y la del que escucha sólo porque en ese momento no tiene oportunidad de hablar. La única manera de escuchar que vale la pena es la de oír y aprender; y es la única manera de escuchar a Dios.
(iv) Los judíos resistieron la atracción de Dios. Solamente aceptan a Jesús los que Dios atrae a Él. La palabra que usa Juan para atraer es helkyein. Es la palabra que se usa en la traducción griega del hebreo en el pasaje en que Jeremías oye decir a Dios: «Con fidelidad conyugal te he atraído a Mí» (Jer_31:3 ; R V. «te soporté con misericordia»). Lo interesante. de la palabra es que casi implica una cierta resistencia. Se usa para tirar de una red cargadísima hacia la orilla (Joh_21:6; Joh_21:11 ). Se usa de cuando arrastraron a Pablo y Silas a los magistrados en Filipos (Act_16:19 ). Es la palabra que se usa para desenvainar o tirar de espada (Joh_18:10 ). Siempre implica algo de resistencia. Dios puede atraer a las personas; pero la resistencia de éstas a veces puede más que el tirón de Dios.
